Tres pueblos.
25 años de Feminismos.
¿Cómo que nos pasamos tres pueblos? ¿Cuándo nos pasamos tres pueblos? ¿Perdieron las elecciones porque logramos legalizar el aborto? ¿Nos gobierna el fascismo porque usamos la e? ¿Cuándo el feminismo volvió a ser “piantavotos”?

Creemos que todas estas preguntas y los sentimientos que despertaron, nos pasaron a muchxs por el cuerpo y por la mente.

Lo primero fue recibir el golpe de la acusación, otra vez “la culpa es nuestra”. Salir del asombro de distinguir de dónde provenía. Hacernos genuinamente la pregunta ¿nos pasamos tres pueblos? Porque fue momento de reflexionar sobre algunos consensos sociales que creímos ganados y estaban en cuestión, no sólo con el feminismo, con los derechos humanos, con los derechos en general. Tratar de recomponerse del doble golpe: la nueva realidad del triunfo de una derecha antifeminista y la sentencia de culpabilidad por nuestros pensamientos y acciones. Hubo un momento de mucha incertidumbre, que aún permanece. Pero esa frase funcionó como una provocación. Había muchas cosas que revisar, pero sabíamos que no podíamos dejar las calles y no las dejamos. El transcurso del tiempo nos fue dando algunas respuestas y nos fuimos levantando nuevamente. Sabiendo que había que volver a reconectar ese tejido feminista que está aunque no se vea, fruto del trabajo militante de décadas y décadas, que comienza mucho antes del corte temporal de estos tres pueblos.

Este texto es un primer borrador de lo que pretende ser una reconstrucción colectiva de la huella feminista de los últimos 25 años. Una genealogía para imaginar un futuro que deseemos vivir. En este contexto de restauración conservadora, consideramos de suma importancia sistematizar este período como una referencia ineludible que pueda ser entramado con las experiencias presentes y futuras. 

Pensamos esta primera versión como un documento que genere debate político, con el cual quienes lo lean puedan polemizar y contrastar con su propia experiencia. La revisión de estos años es compleja, está atravesada de grandes logros, algunas derrotas, crisis de crecimiento, emociones, también heridas… y creemos que es nuestra tarea como parte del movimiento feminista poder hacer un balance autocrítico. Por eso planteamos preguntas para seguir discutiendo, para pensarnos, para celebrarnos, para proyectarnos, porque creemos que no nos pasamos tres pueblos, transitamos 25 años de luchas que podemos pensar como Tres Pueblos. Para nosotras cada pueblo es una época, un tiempo, un contexto, una decisión colectiva, una forma de pensarnos y organizarnos. Recorrimos tres pueblos y vamos por el cuarto.

Te invitamos a ser parte de este esfuerzo de memoria, para que lo que hemos vivido, luchado y conseguido no se pierda. Creemos que recuperar el hilo de algunos debates y  prácticas colectivas del feminismo, puede aportar en esta etapa tan hostil, con el mismo objetivo de siempre, la transformación social.

¡Vamos por todos los pueblos!

 

Primer pueblo.

Un pueblo, una pueblada. Años 2000, cuando ser feminista era mala palabra. La masividad ni siquiera estaba en el horizonte. El fantasma del feminismo recorría los pasillos de las facultades como ‘perspectiva de género’, el nuevo prisma desde donde mirar de nuevo al mundo.

2001, todo en crisis. La economía (como siempre en Argentina), la política, lo social, múltiples dimensiones que confluyen en el mítico “que se vayan todos”. La crisis de representación que estalló en 2001 condensa sentidos muy profundos, estructurales. Sacude las instituciones del Estado, pero también a las organizaciones. Nacen nuevas formas de hacer política, movimientos de desocupadxs, asambleas barriales, pequeños grupos feministas autónomos, sectores antiburocráticos dentro de los sindicatos. La práctica de la autogestión tomaba forma, ya no esperábamos respuestas de nadie, “de muchas revoluciones se hace el camino de la revolución, que logre no sólo terminar con la explotación capitalista, sino también con todas las formas de opresión”[1].

En el 2001 todo estaba en cuestión y todo podía cuestionarse. Todo podía hacerse de otra manera, había que demostrarlo en la práctica. Los grupos feministas autónomos, grupos de compañeras que empezaban a juntarse en torno a las preguntas que traía la perspectiva de género desde las facultades, en los barrios alrededor de las problemáticas de las violencias cotidianas, las lesbianas con su lucha por la visibilidad.

Muchas en distintos lugares del país, se empezaban a comunicar, a encontrar, a tejer en red. Con ideas de horizontalidad, autogestión y autorganización. En los movimientos sociales comenzaron a cuestionar la hegemonía masculina en las direcciones, visibilizando el rol de las compañeras en la lucha concreta, en la organización y en los cuidados. El feminismo impulsa la idea de “desnaturalizarlo” todo, los géneros, los vínculos, las estructuras, que el mundo como lo vemos puede ser transformado y somos libres de elegir cómo queremos que sea. El feminismo encontró un territorio en la nueva forma de la organización política que se ensayaba y se consolidaba al mismo tiempo.

Que se vayan TODOS, que no quede ni UNO solo

Piquete y cacerola, la lucha es una sola. La crisis paría consignas que unificaban a trabajadorxs ocupadxs, desocupadxs, a la tan volátil clase media. Esos tiempos de asambleas barriales, cortes de ruta, toma de espacios públicos, fábricas recuperadas, bachilleratos populares, politizaban todo espacio y daban lugar a una resistencia colectiva que muchas veces añoramos[2]. En los cacerolazos de 2001/2002 en Plaza de Mayo estaba presente la bandera “Feministas en todas partes”. En la Ciudad de Buenos Aires existía una interasamblea feminista que se reunía en un local de la calle Entre Ríos que se llamaba “Matrix”. En el conurbano bonaerense los Encuentros Regionales de Mujeres replicaban la experiencia de los Nacionales, en muchos puntos del país nacían nuevas organizaciones feministas y las Comisiones de Género empezaban a surgir en algunos movimientos de desocupadxs. El 26 de octubre de 2003, se realiza la 1ª Asamblea de Mujeres Piqueteras en el Puente Pueyrredón, en el marco del reclamo de justicia por la Masacre de Avellaneda.

Este estado asambleario general y permanente, también permeó la estructura de los Encuentros Nacionales de Mujeres y se organizó en el Encuentro de Rosario (2003) una Asamblea Nacional por el Derecho al Aborto Legal. ¿Por qué no aprovechamos el espacio del ENM para darle una articulación federal a la lucha por el derecho al aborto? Así fue que llegamos, el 28 de mayo de 2005, a lanzar la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Feministas en todo el país, militando el Aborto Legal. Cuestionando roles de género. Tareas domésticas. Roles dirigenciales. La violencia que nos atraviesa todo el tiempo. Y ese cuestionamiento hace crecer la participación de esas mujeres y esas feministas en las organizaciones y esas organizaciones empiezan a sumarse a los ENM. Hay un cambio en la composición social y en la masividad de los ENM en esos años 2000. Los hoy Encuentros Plurinacionales, conectaban experiencias a nivel federal, relanzaban la lucha y la potencia feminista cada año, en diferentes provincias desde 1986.

Esos grupos autónomos de feministas comienzan a encontrarse y articular pensamientos y acciones como fue el espacio de Feministas Inconvenientes que se reúnen en Río Ceballos, Córdoba, en 2007. Allí declaran Somos feministas inconvenientes. No nos conformamos con lo que en cada tiempo nos indican como el cambio posible. No nos conformamos con disputar un espacio limitado entre las incluidas e incluidos del sistema. Queremos transformar el sistema. No aceptamos encerrar nuestra libertad, en el corralito del posibilismo. Rechazamos las prácticas de ciertas corrientes del feminismo que reproducen jerarquías, personalismos, autoritarismos, arbitrario gerenciamiento de los recursos, y apropiación del discurso que queremos crear colectivamente. Rechazamos también las prácticas de diversos partidos –incluso de izquierda-, que pretenden manipular al feminismo –como a los movimientos sociales en los que participan-, negando su autonomía, estableciendo jerarquías en las luchas y reivindicaciones, y tratando de subordinarlos a sus estrategias”[3].

Durante mucho tiempo, en los espacios políticos se planteó que la opresión de género era secundaria en relación a la lucha contra la desigualdad de clase. De a poco, las organizaciones feministas y las feministas en las organizaciones, comienzan a cuestionar esas jerarquías y plantean la necesidad de luchar integralmente hasta que “capitalismo y patriarcado caigan juntos”. Empieza a armarse un entramado entre feministas y organizaciones que se ven reflejados en espacios como el de Mujeres en Lucha que se reunía en el recuperado Hotel Bauen o la Coordinadora de Mujeres Organizadas.

Las paredes se poblaron de grafitis: Revolución en las camas, en las casas, en las plazas. Saquen sus rosarios de nuestros ovarios. Educación para decidir. Anticonceptivos para no abortar. Aborto legal para no morir. Eva ama a Victoria. En las consignas de esa época se sintetizaba lo personal y lo político, la disputa abierta con la Iglesia Católica, la demanda del aborto como urgencia, el cese de la violencia machista en todas sus formas y la necesidad de una respuesta integral con la educación sexual (que en 2006 se transformaría en Ley).

Quienes protagonizamos esa época, sabemos que no fue fácil llamarnos feministas e instalar algunos debates en la sociedad, en nuestras casas, en los lugares de trabajo, en la vía pública, en el territorio y en las organizaciones donde militábamos. No podíamos imaginarnos las escenas del futuro cercano, pero teníamos una convicción muy fuerte, que nos organizábamos para cambiarlo todo. La irreverencia, la incomodidad, la inconveniencia, estaban de nuestro lado. Nos tenían miedo porque no teníamos miedo. 

Párrafo aparte merece la paciente construcción de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto como un movimiento federal, diverso y transversal políticamente. Esta iniciativa logra proyectar masivamente la lucha de las pioneras de la Comisión por el Derecho al Aborto. Aunque ahora nos resulte imposible imaginarlo, la Comisión Nacional de Articulación se reunía una vez por mes presencialmente, con representación de compañeras de diferentes provincias. En la Campaña se sintetizaron miles de acciones territoriales, las mesas por el derecho al aborto, la recolección de firmas en apoyo a la ley, la formación de activistas y profesionales de la salud, la difusión de materiales sobre el uso seguro del misoprostol, etc.

El surgimiento de la Línea telefónica “más información, menos riesgos” de Lesbianas y Feministas por la Descriminalización del Aborto, el aporte fundamental de las Socorristas en Red y otras experiencias de acompañamiento del aborto autogestivo, fueron seguidas luego por la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir, ampliando el acceso al aborto seguro. Aún en un contexto legal restrictivo, desde adentro y desde afuera del sistema de salud, se generaban prácticas de ejercicio del derecho al aborto, en medio de un proceso de lenta despenalización social. El colectivo LGTBIQ+ formó parte activa de este proceso y las luchas se fueron enlazando.

En estos años, se fue construyendo una “agenda de género” con impacto legislativo. Se logra la sanción de la Ley de Salud Sexual (2002), la ESI (2006), la Ley de Protección integral contra las violencias (2009), el Matrimonio Igualitario (2010), la Ley de Identidad de Género (2012). Luchas históricas que encuentran eco en voluntades político partidarias y se logra una incidencia parlamentaria efectiva. Las dos últimas acompañadas por procesos de movilización y el teje transversal del colectivo LGTBIQ+, logrando una derrota a la Iglesia Católica, gran actor antiderechos de todo ese período. Queríamos leyes para afirmar nuestros derechos, pero ¿nos alcanzaba con eso? ¿Qué expresaban esas conquistas en el debate social? ¿Qué pasó con la implementación de esas leyes, con su presupuesto efectivo? ¿Qué discusiones se daban en el feminismo sobre la capitalización de esos logros? ¿Qué tensiones en relación a la autonomía del movimiento feminista y el riesgo de “cooptación” por parte de los discursos gubernamentales? ¿Qué construcciones autónomas persistieron? ¿Cómo lo hicieron?

Creemos que estos cuestionamientos son parte de las preguntas abiertas pos 2001, del vínculo de los movimientos (sociales, de derechos humanos, feminista) con el Estado. Entendemos que hubo un proceso de fragmentación del movimiento social en relación a su posición respecto del gobierno a partir de 2003, con sectores claramente opositores y otros aliados o integrados al proyecto gubernamental. ¿Qué pasó en el feminismo en relación a este proceso?

Finalizando nuestro paso por el primer pueblo, creemos que el feminismo empieza a ser una corriente ineludible dentro de las organizaciones, los partidos, los movimientos. Las feministas están, son parte y ejercen la presión para que sus organizaciones tomen sus demandas y se definan feministas. Estamos frente a un proceso de transversalización de los feminismos.

Algunas preguntas para seguir el debate:

¿Qué rescatamos de las formas de organizarnos en este pueblo? ¿Cuál fue la radicalidad del movimiento feminista en este período?

¿Qué lugar ocupó el debate sobre la autonomía, en el feminismo y en el movimiento social en general? ¿Cómo se dio el vínculo con el Estado?

¿Qué nos queda del debate sobre horizontalidad, autonomía y autonomismo? ¿Qué pasaba con el debate sobre el poder y los liderazgos en esa época?

¿Cómo se cerró la crisis de representación de 2001? ¿Encontramos puntos en común con la de 2023?

 

Segundo Pueblo.

En 2015 otra pueblada, esta vez feminista.

Las mujeres masivamente en las calles dijimos ¡Basta! El trabajo sostenido de esa red puso en evidencia que la violencia patriarcal no sólo afectaba a las mujeres, sino que develaba todo un sistema estructural de dominación y sometimiento para las disidencias. Ni Una Menos también movilizó a esxs otrxs de una sociedad capitalista y patriarcal que sólo pone el valor en la explotación de la vida y de la naturaleza para la producción de riqueza para unos pocos. Ese 3 de junio tuvo la magnitud de un “acontecimiento”. Ni sus organizadoras, ni quienes participamos dimensionamos el impacto que iba a tener, ni el punto de inflexión que representaría en el devenir del movimiento feminista en la Argentina y su repercusión en el resto del mundo.

2016, otro femicidio más, el de Lucía Pérez, nos conmueve y nos alimenta la rabia. Habíamos dicho Ni Una Menos, pero los femicidios seguían ocurriendo, esta vez elegimos el paro como herramienta de lucha. Fue nuestro primer paro feminista. En sintonía con la experiencia del paro de mujeres en Polonia contra un proyecto de ley que criminalizaba el aborto y rememorando la huelga de las escobas, en 1907, por el aumento bestial de los alquileres en los conventillos.

A partir de 2017, en los 8M se impulsaron paros internacionales, con vinculaciones con el feminismo de la región y de Europa. Las consignas visibilizaban el lugar del trabajo de mujeres y disidencias, tanto en la esfera productiva, como reproductiva de la vida: “Si nosotras paramos, se para el mundo”. “Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”. Se alzaba una exigencia colectiva por el reconocimiento de los trabajos de cuidado “Eso que llaman Amor es trabajo no pago”. El movimiento feminista disputa, en los hechos, el rol de las centrales sindicales a las que se les reclamaba una medida de fuerza contra las políticas de ajuste y endeudamiento del gobierno de ese momento. A partir de entonces, se comienza a instalar que los 8M, no sólo nos movilizamos, sino que paramos, como herramienta de organización y lucha[4]. Esto tiene resonancias en los sindicatos y en los sectores organizados de la economía popular, donde el activismo feminista fortalece su presencia. En 2017, la bandera de arrastre sintetiza la lucha de la coyuntura: Basta de ajuste y despidos. Aborto Legal YA[5].

2018 fue un año explosivo para el feminismo. Ese año logramos que la legalización del Aborto llegara al Congreso, en la séptima presentación del proyecto de Ley de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto. La “marea verde” como comenzamos a nombrarla demostró su potencia en las calles. El “cabildeo” fue una acción sistemática de la Campaña en cada presentación del proyecto de ley, desde 2005, buscando sumar los apoyos legislativos necesarios para que la ley fuera un hecho. Las activistas recorrían todos los despachos buscando las firmas que permitieran un dictamen de comisión que lograra la tan ansiada llegada al recinto. 6 veces se presentó y 6 veces perdió estado parlamentario.

En junio y agosto de 2018 nos encontramos con un pico de masividad en las calles, en todo el país. Esa marea se nutrió de un componente espontáneo que se sumaba al movimiento feminista que fue creciendo en esos años. Los impactos de la ESI, las pibas que se hicieron protagonistas en las marchas, con glitter y pancartas autogestivas, en un encuentro intergeneracional con una fuerza imparable. El 14 de junio fue el triunfo tan esperado en la Cámara de Diputados y el 9 de agosto, una derrota que nos llenó de bronca, pero que no pudo desdibujar la movilización épica que prometía que a la clandestinidad no volveríamos nunca más.

Nunca habíamos sido 2 millones en las calles, con movilizaciones y acciones contundentes a nivel federal…  qué lindo fue serlo y sentir esa potencia arrolladora. Subir al bondi o al tren y encontrarse con esos otros pañuelos verdes en las mochilas, era una red silenciosa que se reconocía en todas partes con sólo un gesto y una mirada.  “Ahora que estamos juntas, ahora que si nos ven, abajo el Patriarcado, se va a caer, se va a caer. Arriba el Feminismo que va a vencer, que va a vencer”.

Y para coronar ese año de movilización callejera, en diciembre Thelma Fardin acompañada por el Colectivo de Actrices Argentinas, presenta su denuncia pública y judicial contra Juan Darthes.  Desde hacía unos años, había comenzado la ola de denuncias contra la violencia sexual en el rock, con el emblemático caso de Cristian Aldana, y continuaron en el espectáculo, en la política, incluso… en las organizaciones del campo popular. Se iba expresando un límite colectivo: No nos callamos más, poniendo en la escena pública una de las violencias más silenciadas y soportadas por vergüenza, por miedo y el riesgo de ser juzgadas. Por eso apareció el respaldo incondicional: Hermana, yo sí te creo. Muchas historias de abuso salieron del silencio en estos años, muchas más aún después de la denuncia de Thelma, su valentía, el acompañamiento colectivo y su impacto social, marcaron un antes y un después.

Este gran avance también nos planteó un debate dentro del feminismo. La política de los escraches y las cancelaciones, con sus matices, nos condujo a discusiones sobre las metodologías, las formas de la justicia popular, los procesos reparatorios y, también, generó algunas heridas entre nosotrxs. Después del momento más convulsionado, con la explosión legítima de tanto silencio acumulado, la discusión se fue complejizando. Se incorporó el debate sobre el punitivismo y el modo de abordar las violencias, discusiones que siguen abiertas hasta el día de hoy[6]. No vamos a profundizar acá, pero creemos necesario analizar el impacto que este proceso tuvo en las juventudes, con un cambio de posición de muchas pibas en relación a la soberanía sobre sus cuerpos y el consentimiento como concepto clave. En los varones este cimbronazo tuvo efectos disímiles, en algunos logró cuestionar modelos de masculinidad hegemónica y, en muchos otros, a reforzarlos desde una posición defensiva y conservadora.

En el proceso de esos años fue emergiendo más nítidamente el transfeminismo, como corriente que explicita el cuestionamiento del binarismo de género y el biologicismo, encarnado por algunos sectores. Dentro del movimiento feminista hay tensiones que siguen estando presentes, pero entendemos que este debate fue incluyendo las otras transversalidades e interseccionalidades necesarias para comprender cómo se componen las desigualdades, como el antirracismo, el anticapacitismo, etc. La Campaña Somos Plurinacional (2019) llevará este debate para cambiar el nombre del Encuentro Nacional de Mujeres a Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No binaries. 

En este segundo pueblo recorrimos 4 años intensos para los feminismos, que termina con la derrota del macrismo y el ascenso de un gobierno peronista que arranca con un fallido significativo: “Volvimos mujeres”

 

Preguntas para el debate:

¿Qué nos dejó el debate escraches-cancelaciones y punitivismo-antipunitivismo?

Pañuelos Verdes y juventudes. Las pibas sí, ¿y los pibes?

¿El foco en la lucha por el aborto legal, nos alejó del cuestionamiento de la situación social y económica de esa etapa?

¿El progresismo, la agenda de derechos y la política de las identidades nos hizo perder fuerza en la lucha anticapitalista?

¿Qué hicimos con el poder que generamos en el momento de mayor masividad del movimiento?

 

Tercer Pueblo.

2020. Una pandemia y otra pueblada feminista.

Año del Cuarto Paro internacional Feminista. Punto de llegada con acciones de articulación en un movimiento mundial feminista, con el feminismo argentino como referencia: el pañuelo verde símbolo de la lucha por el derecho al aborto, comenzaba a recorrer las marchas feministas a nivel mundial. Las calles son nuestras.

El colectivo Ni Una Menos, nacido en 2015, funcionó en la construcción de los paros y de otras convocatorias a acciones callejeras como una suerte de articulador de las diferencias. Las asambleas decidieron que el paro y movilización se hiciera el lunes 9 de marzo porque nadie hace huelga un domingo y se marchó con la bandera “Vivas, libres y desendeudadas nos queremos, aborto legal ya[7]”.

Con el diario del lunes sabemos que el 8M de 2020 fue la cresta de la ola feminista. Volvíamos a tener la posibilidad de presentar el proyecto de ley para legalizar el aborto después de la negativa parlamentaria del 2018. Eso se vio reflejado en las calles, en el aire, en la sensación de frente común a pesar de las diferencias.

Paralelamente en el mundo empezaba a instalarse la circulación de un virus, el Covid-19, originado en China y que empezaba a expandirse causando muchas muertes sin que las autoridades sanitarias pudieran dar una respuesta. Estábamos frente a una pandemia. El planeta entero empezó a hablar de una sola cosa y de repente todos los países del mundo enfrentan una sola agenda: cómo contrarrestar al virus mortal. La respuesta fue el Aislamiento Social Preventivo Obligatorio (ASPO). Se restringió la circulación de la humanidad, la premisa era “quedate en casa”, y así fue, estuvimos casi dos años aislados con intermitencias y salidas programadas. Sin escuelas, sin encuentros generales o espontáneos, sólo en “burbujas” preestablecidas, sólo se sostenían los trabajos catalogados como esenciales para que algo funcionara, el resto tenía que dejar de trabajar y estar en su casa para evitar el contagio. La pandemia también develó situaciones que no estaban tan explícitas, como eran las condiciones de una gran mayoría de la población sumergida en la informalidad laboral y condiciones habitacionales muy precarias. Podríamos escribir una biblioteca de lo que fue la pandemia pero creemos que esta referencia alcanza y sobra para el objetivo de este texto.

Y así fue como pasamos de la cresta de una ola feminista que tomó las calles y las esperanzas a nivel mundial un 8 de marzo, a estar todxs encerradxs y aisladxs en menos de 10 días.

“El estado es responsable” fue la marca del reclamo de políticas públicas que sostuvo el movimiento, y esa demanda del feminismo también tuvo un rol muy relevante en la identidad, la agenda, la campaña y la coalición que ganó las elecciones en 2019 y que gobernaba en 2020[8]. El resultado fue feministas asumiendo funciones en distintas carteras de gobierno y la dirección del primer Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad a nivel nacional abocado a la implementación de políticas públicas en esa línea[9]. Fenómeno que no fue sólo nacional sino también regional (Uruguay, Chile y Brasil).

En este punto creemos que es necesario un balance crítico colectivo que aún tenemos pendiente: ¿ministerio sí o ministerio no? ¿El movimiento quería un ministerio? ¿A quién responden las feministas en la gestión de un gobierno con programa propio? ¿Qué balance hacemos del rol de las feministas como parte de la gestión del Estado? ¿Cuál fue la relación del ministerio con el movimiento?

Que lo vengan a ver, que lo vengan a ver, este es el movimiento que convirtió al aborto en Ley

Y lo impensado: en medio de una pandemia se aprueba en el Congreso la legalización del Aborto. El 30 de diciembre de 2020. Contando votos hasta último momento. Gestionando votos hasta último momento, se logra el triunfo más claro en décadas del movimiento feminista argentino. Un antes y un después. Y una pregunta que iba a surgir después de lo que duró todo lo que pudimos festejar: legalizamos el aborto ¿y ahora qué?

El proceso social, político y económico que produce la pandemia deja un cambio profundo especialmente en el modo de vincularse de lxs niñxs y adolescentes, todo pasa a través de una pantalla y en una pantalla. Las redes sociales como ámbito de socialización. La tecnología modelando y gobernando la sociabilidad a través de un nuevo dispositivo social: el algoritmo. Produce también la sensación de una ruptura de lo colectivo. La disciplina del aislamiento. El contacto con otrxs como peligro de muerte. Un claro freno al proceso que se estaba desarrollando a nivel regional y mundial.

A nivel país, otra crisis económica reflejada en la incapacidad de un gobierno que no puede dar respuesta desde su gestión a la reproducción de la vida cotidiana de su población por el nivel de inflación producida y la deuda impagable heredada y renegociada. Otra frustración política. Nueva y profunda crisis de representación.

Estos son algunos apuntes mínimos para introducir el inicio de la restauración conservadora en el poder que se dará a partir de las elecciones en el 2023: Un candidato de ultraderecha con un discurso anti política, anti casta, anti estado, anti derechos, anti feminismo, anti diversidades, anti justicia social y con una motosierra en la mano como símbolo de las políticas que va a aplicar su gobierno, es el nuevo presidente del país.

El gobierno eligió sus enemigxs: cierre del ministerio, cierre del Inadi, amenaza de derogación de la ley de aborto, discurso de odio contra las diversidades en un foro mundial, negacionismo explícito, restauración de la idea de familia y propiedad, ley y orden, ejecutando un plan de ajuste económico sin precedentes, con más deuda y una represión brutal. Antifeminismo de Estado.

El primer momento es de un impacto tremendo para el activismo en general y para nosotrxs en particular. Pasados los primeros golpes que se sucedieron desde el primer día, empezamos a reaccionar muy lentamente sin tener claro qué había pasado ni qué había que hacer.

En los intentos de explicar cómo la ultraderecha había logrado acceder al gobierno de manera tan contundente, algún sector del peronismo, sin capacidad de autocrítica, dejó deslizar que la responsabilidad de la derrota había venido de la mano del progresismo y del feminismo: “se pasaron tres pueblos”, fue la sentencia elegida.

El Cuarto Pueblo.

Frente a la acusación de que la victoria del fascismo era “nuestra culpa”, la necesidad del propio balance también fue nuestra. Pero de un balance justo, que reconozca las limitaciones, los errores, pero también la potencia del movimiento que supimos construir.

Como nuestras son las respuestas frente a tanto desatino, tanta crueldad, tanta precariedad planificada como forma de vida para las mayorías que habitan el mundo, para beneficio de un grupo cada vez más minúsculo de multimillonarios fundadores de una tecnocracia que pretende gobernar desde el extractivismo y el autoritarismo financiero, un mundo pos democrático.

Nada más antagónico a nuestro motor político más claro: la vida en el centro.

Del presente sólo queremos puntualizar viñetas que creemos que nos dejan pistas para encontrarnos a debatir cómo y por dónde. Como dijimos al principio es un texto inacabado, un deseo de primer borrador que sirva para encontrarnos, leer, hablar, discutir, pensar, soñar para terminar de escribirlo colectivamente.


Viñeta 1: 8M 2024

La particularidad de esta marcha es que se da en el momento político en que el gobierno avanza contra derechos conquistados y hace un ataque explícito a los feminismos, las mujeres y diversidades. El documento consensuado por las organizaciones convocantes fue un panorama del retroceso en la Argentina, un listado de los reclamos para frenar la avanzada antiderechos y sumar nuevas conquistas ante la urgencia del actual descalabro económico en el país, que afecta particularmente a mujeres, lesbianas y trans.
Fue una movilización masiva en todo el país: "Acá estamos: fuimos marea, seremos tsunami". Así arrancaba el documento consensuado para la jornada y fue nuestra primera respuesta en las calles al “nuevo orden”.


Viñeta 2: Triple lesbicidio de Barracas.

El 6 de mayo de 2024 dos parejas de lesbianas son atacadas con una molotov mientras duermen por un vecino de la pensión donde vivían, quien venía hostigándolas por su orientación sexual. Pamela, Roxana y Andrea no sobreviven y Sofía sigue padeciendo las consecuencias físicas y psíquicas de esa violencia. Es la traducción más brutal de los discursos de odio que son producidos y habilitados desde el Estado. Sabemos que nunca dejaron de ocurrir estas agresiones, pero desde la asunción del gobierno de Milei, el miedo se hizo más presente en la comunidad LGTBIQ+. Volvíamos a tener miedo de manifestar nuestro amor en la calle, visibilizarnos en el lugar de trabajo,  todo se volvía un riesgo, mientras se desmantelaban organismos como el INADI. Un mensaje claro que las estadísticas confirman: los ataques y crímenes de odio aumentaron sensiblemente durante su gestión.

 

Viñeta 3: Asamblea Antifascista y Marcha 1F Febrero 2025.

“La vida está en riesgo. ¡Basta! ¡Al clóset no volvemos nunca más!”

La respuesta al discurso de odio explícito contra la comunidad LGTBIQ+ y la “ideología woke” del presidente en el Foro de Davos, fue una Asamblea abierta convocada en Parque Lezama, que se definió como Antifascista y Antirracista, y que consiguió convocar marchas multitudinarias en todo el país en pocos días. La contundencia de la movilización fue un punto de inflexión en dos sentidos: la masividad de la convocatoria, que trascendió ampliamente al activismo y las organizaciones, y la instalación del “antifascismo” como una referencia aglutinante. La Marcha Federal del Orgullo logró frenar, al menos en el discurso público del gobierno, su ataque contra las disidencias y la invención de lo “woke” como todo lo que estaba mal.

Viñeta 4: Triple femicidio. Septiembre 2025.

El femicidio de Brenda, Morena y Lara fue un cimbronazo indescriptible. Por el hecho en sí, por todos los discursos que lo recorrieron, por la forma, por todo lo que tuvimos que volver a escuchar y ver (recordemos la campaña publicitaria de mujeres en bolsas de basura). Las sensaciones devinieron en un sentimiento colectivo: nos quedamos cortísimas con tres pueblos. Ese día salimos a gritar con bronca “No nos pasamos tres pueblos, nos mataron tres pibas”. Nos paramos nuevamente sobre todo lo que habíamos hecho, con orgullo y con certezas, fue la respuesta colectiva y en las calles a la acusación infame.


Viñeta 5: Ni Una Menos Junio 2025.

Frente a la fragmentación y la dificultad de repensar cómo hacer frente a esta nueva realidad desde lo colectivo, el feminismo ofrece una transversalidad que ningún otro movimiento logra. Una capacidad de construir unitariamente frente a las diferencias que reconocemos y hasta valoramos. Esto se ve reflejado claramente en el armado de la movilización del 3J de 2025. El 3 de junio de ese año era martes. Los miércoles sucedían semanalmente las manifestaciones de lxs jubiladxs, reprimidas sistemáticamente para el asombro de todxs y la reacción de casi nadie ¿Qué gobierno le pega y gasea a un grupo de jubiladxs que reclaman con dignidad para no tener que elegir entre comida y remedios? ¿Qué gobierno se ensaña con las personas con discapacidad? Este gobierno. En las asambleas de Ni Una Menos se discutió pasar la movilización al miércoles 4 para visibilizar y acompañar la lucha de lxs jubiladxs. Desde la asunción del nuevo gobierno se suceden manifestaciones casi cotidianas y sectoriales que pierden fuerza y efecto al hacerse y pensarse por separado. Y así se plasmó en el cambio de día de la marcha y en su consigna: “Unir las Luchas es la Tarea”.

 

Viñeta 6: Encuentro Plurinacional Corrientes Octubre 2025.

¿La marea se rearma en Corrientes? Los Plurinacionales y la llama eterna que encienden. Preguntas que recorrieron el Encuentro: ¿el feminismo, puede constituirse como una alternativa política a la crisis de representación? ¿Qué hacemos con la salud mental en emergencia? ¿El feminismo ya no convoca a la juventud? ¿Qué ejes nos pueden articular como lo hizo el aborto? La potencia del encuentro, el futuro es transfeminista y en comunidad. La necesidad de conectar los pueblos, las experiencias diferentes, poder construir unitariamente desde la multiplicidad.

Resignificar la marea. La marea no es algo que se pueda planificar, es algo que sucede. Organizarnos para impulsarla y estar en mejores condiciones para que se traduzca en un proyecto político para el mundo que queremos ¿queremos otra marea?

La marea no fue sólo masividad, la marea fue haber encontrado un objetivo, un símbolo, una causa que nos representaba y conectaba necesidades y deseos colectivos: decidir sobre nuestros cuerpos, una vida sin violencias, la autonomía y el empoderamiento frente al patriarcado. Identificarlo masivamente como un sistema político de opresión que había que cuestionar y desarmar. Una lucha abierta contra la desigualdad de género y la necesidad de deconstruir el patriarcado que llevamos dentro.

Que organizadas que se nos ve, Que el feminismo dirija la CGT.

 

Preguntas para seguir debatiendo:

¿Qué movimiento necesitamos para esta etapa?

¿Cómo reconocemos nuestras diferencias sin caer en falsos antagonismos?

¿Cómo estamos organizadas? ¿Qué ventajas y desventajas tiene la transversalidad construida?

¿Cómo respondemos estratégicamente a la multiplicidad de frentes de lucha que nos impone  la coyuntura?

¿Cómo enfrentamos a la derecha global y sus representantes en nuestro país? ¿Cómo podemos pasar a la ofensiva en este contexto?

¿Cómo se construye comunidad desde los feminismos? ¿Cómo se conecta y se potencia la red feminista que supimos construir?

¿Queremos y necesitamos un “programa” transfeminista? ¿Cómo se construye?

¿Creemos necesario armar organización política para construir poder popular e institucional?

¿Queremos generar una alternativa política transfeminista para gobernar?

¿Cómo disputamos y construimos poder desde los feminismos?

 

Terminamos de escribir este texto con los ecos del último 3J (2026) en la piel, con la fuerza y la masividad que se expresó a nivel federal, con el dolor y la furia que nos despertaron los recientes femicidios de Agostina, Dulce y Noelia. Los pueblos volvieron en pancartas, como un grito indignado y un llamado a la acción:

“Pasarnos todos los pueblos por las pibas”, “Nos debimos pasar más pueblos”, “Te invito a pasarnos 1000 pueblos más”, “tres pueblos no fueron suficientes”, “Pasarnos tres pueblos y crear uno nuevo”.

Los pueblos nos siguen provocando y convocando, ahora es el momento de traducir esa bronca en organización. Vamos por todos los pueblos que nos faltan. La alternativa es feminista.

 

La idea es que Tres Pueblos sirva para recuperar nuestra militancia feminista de estos años, la de cada unx o para juntarnos en grupos o como quieran y poder pensarlo y terminar de escribirlo colectivamente.

Para eso se puede interactuar con el texto con los aportes que quieran sumar en los comentarios del blog: https://trespueblostres.blogspot.com/

Por mail a: trespueblostres@gmail.com

Instagram https://www.instagram.com/tres.pueblos?igsh=N2gxcjl4c284cG5y

Habrá convocatorias a pensarlx juntxs y queremos armar una memoria visual con fotos, videos, volantes, afiches, folletos, todo lo que podamos recuperar.

Y encontrarnos en la instancia del Encuentro Plurinacional de Córdoba 2026 en el Cuarto Pueblo.

 

Yani Azzolina y Paula Cruz, feministas que transitamos los tres pueblos desde distintos recorridos organizativos y puntos geográficos. Encontrándonos en el deseo de impulsar este debate colectivo. 


Paula participa en Conurbanas Transfeministas https://www.instagram.com/conurbanastransfeministas?igsh=eGtxcnllMXhrZThy

Yani participa en Movida Ciudad https://movidaciudad.ar/
https://www.instagram.com/movida_ciudad?igsh=dTZkNzdmYTlzdXZz

 

Junio 2026



[1] Korol, Claudia “Revolución en las plazas y en las casas” (2004). Cuadernos de Educación Popular. Ediciones Madres de Plaza de Mayo. América Libre.

[2] Silva Mariños, Lisandro “8 hipótesis sobre la nueva izquierda post 2001”. Editado por Jacobin América Latina. Buenos Aires. 2022.

[3]  https://www.google.com/url?q=https://www.larevuelta.com.ar/articulos/NPF_2007_02_25.html&sa=D&source=docs&ust=1779744384487995&usg=AOvVaw3706Fia0VkyhxJR-pDFJ9P

 [4] Gago, Verónica (2019) “La potencia feminista. O el deseo de cambiarlo todo”. Tinta Limón Ediciones.

[5] Documentos y Manifiestos 2015/2018. Amistad política + Inteligencia colectiva. Ni Una Menos.

[6] Reflexiones sobre los escraches feministas ¿Hacia una ética feminista de la justicia comunitaria? Apuntes para seguir interpelándonos (siempre). Azzolina y Cruz. 2020.  https://drive.google.com/file/d/1dSa2f9qhmFoLC377VHhsoFayW60Z5Gm6/view?usp=sharing

[7] https://www.google.com/url?q=https://latfem.org/a-la-huelga-como-sera-el-paro-internacional-feminista-2020/&sa=D&source=docs&ust=1781045321994275&usg=AOvVaw2HKLJbE_iGGH2Oi-zz4bTD

 [8] Prieto, Sol ¿El General se pasó tres pueblos? Edición 315 - Septiembre 2025. Peronismo y Feminismo. Le Monde Diplomatique

[9] Paz Frontera, Agustina (2026) ¿Demasiado Feminismo? La política feminista entre el Estado, el activismo y la batalla cultural de la derecha radical. Siglo Veintiuno Editores. 

Comentarios